DOS RATONES EN APUROS (por P. de Santiago)

im y Tom eran dos ratones que vivían en la cocina de la señora Cactus. ¡Sí, sí!... han oído bien, la señora Cactus. Así la llamaban, porque su pelo era corto y en punta, ¡tánto! que daba la sensación de pinchar.
La buena mujer presumía de su cocina y de las maravillas que en ella preparaba, pero... no sabía que tenía dos inquilinos muy bien acomodados.
Tim y Tom esperaban cada mañana, después del desayuno a que la señora Cactus dejara algún que otro resto para salir rápidamente a engullirlo. Pero ellos, realmente deseaban comer uno de esos pasteles que hacía degustar a las vecinas más pomposas del barrio.
* * *
-Tim... ¿tú crees que algún día comeremos algo más que migajas?
-No lo sé Tom, por lo menos aquí las tenemos seguras.
-¡Ya! pero mi estómago dice que no es suficiente. Pienso en un gran trozo de queso ...ummmmmmm, ¡me relamo sólo de pensarlo!; un poquito de chocolate ...ummmmmmm, ¡qué delicia!
-¡¡¡Calla, calla!!! Me desmayo al pensarlo
- Tim... asomemos la cabeza, creo que la señora Cactus está haciendo algo muy rico... ¡qué bien huele!
* * *
¡Efectivamente!... Un pastel de queso se hacía en el horno y un chocolate se derretía puesto al fuego.
Tim y Tom se miraron...
Me parece que ha llegado el momento de degustar algo más que unas migajas... ¡pero ¿cómo?! (se preguntaban los dos ratones)
Habría que esperar a que la señora Cactus dejase sobre la mesa de la cocina lo que no habían querido sus pomposas vecinas.
¡ Paciencia Tim!... esperaremos y luego nos daremos ¡el gran festín!
-Y así hicieron, esperaron..., esperaron..., y esperaron, pero no llegaba el momento.
Después de una larga espera... ¡por fin se abrió la puerta de la cocina!
La señora Cactus dejó unos platos sobre la mesa, unas tazas y una tetera.
Rápidamente, y en cuanto ésta salió... Tim y Tom asomaron su cabecita y fueron hasta allí.
Ante sus ojos...¡UN GRAN TROZO DE TARTA CUBIERTA CON CHOCOLATE!
Tom ¡qué maravilla! ¡jamás había visto una cosa igual !
Tim ¡éste es nuestro gran día!
...y justo cuando se disponían a comer el primer trozo...
-¡Tim, cuidado!
-En ese momento... entró la señora Cactus
-¡Toooom ! ¡se lleva el trozo de pastelllllll!
¡Santo cielo! Eso es que una de esas amigas pomposas... quiere repetir... ¡seguro!
La verdad, Tim... no me extraña nada porque ¡menuda pinta tiene!
Tengamos paciencia y esperemos un poco más.
...Y así aguantaron los ratoncillos hasta que...
-¡Ya entra!
La señora Cactus depositó un plato encima de la mesa.
Los dos ratones salieron rápidamente de su agujero, pero... ¡gran disgustó! sólo quedaban las migajas. ¡Las vecinas pomposas se lo habían comido todo!
Tim se puso a llorar, pero Tom le consolaba diciendo:
- No te preocupes Tim, ya tendremos otra oportunidad, al fin y al cabo siempre nos hemos conformado con esas migajas del desayuno que tan ricas nos sabían.
Y cuando tristes se marchaban... ¡sorpresa! Se abrió la puerta de la cocina y entró de nuevo la señora Cactus con otro plato, ¿sabéis qué había en él?.....siiiiii, efectivamente había un trozo de tarta con mucho chocolate.
Los dos ratoncillos no daban crédito, y sin cerrarse aún la puerta ...
...corrieron al plato y...
¡Ves Tim! no hay que perder la esperanza, cuando lo dábamos por perdido... aún nos estamos relamiendo de ésta magnífica tarta.
Tom, creo que estoy tan lleno... que no querré más tarta hasta dentro de un buen tiempo.
* * *
Algunos os preguntaréis si la señora Cactus no se extrañó de que el plato que llevó lleno a la cocina, al volver estuviese vacío... ¡pues tenéis razón! Pero eso queda...
PARA OTRA HISTORIA