
Padre, no avanzo. Llevo años luchando contra los mismos pecados sin haber dado un solo paso hacia delante"... Algunos se han creído que la aventura de la santidad es una competición de Fórmula 1, o algo así. Creen que, si su esfuerzo es sincero, necesariamente irán logrando todas las virtudes, una por una y -así les gustaría a muchos- a toda velocidad. Deberían estos tales dar gracias a Dios por no ir todo lo deprisa que quisieran porque, si el Señor les concediese en un instante el grado de virtud que anhelan, quizá se llevaran un chasco el día en que se sorprendieran mirándose al espejo y preguntando: "¿Quién tan santo como yo?"...
Hoy comienza el Adviento. Quizá, al comienzo de este año, delante de Dios formulaste propósitos muy determinados: más oración, más mortificación, más lectura del Evangelio, más y mejor vida sacramental... Puede suceder que, ya a las puertas de diciembre, te encuentres con que apenas has cumplido nada de lo que te propusiste.
¿Y qué pasa? ¿Acaso vas a cansarte ahora porque no has sido capaz de dar la talla de tus deseos? ¿Acaso vas a echarte atrás de esos propósitos nobles diciendo "no avanzo, no avanzo"...? ¿No te estará doliendo más tu imperfección que tu infidelidad, y por eso te cansas? Te cansas de ti mismo... ¡Ojalá estuvieras agotado por amar a Dios! En ocasiones, has llegado incluso a culpar a Dios, le has echado en cara que no te ayudaba lo suficiente cuando lo que tú querías era servirle:
"Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema?".
Vamos por partes: te concedo que quieres darle al Señor lo mejor, que lo que tú buscas es su gloria... De acuerdo. Entonces, si buscas la gloria de Dios y quieres darle lo mejor, te daré una buena noticia: tienes algo mejor incluso que tus virtudes para darle a Dios, y ese algo es tu lucha diaria. Procura que esa lucha sea denodada, no escatimes medios, ponlo todo de tu parte y reza mucho... Luego déjale al Señor que la corone con el éxito si Él quiere. Y, si no quiere, por algo será. Sigue luchando, que no te faltarán las fuerzas:
"Tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla, y Tú el alfarero". ¿Querías "avanzar"? También tengo otra buena noticia: cada día de lucha es un paso adelante. Si llevas años luchando contra los mismos pecados, has avanzado muchísimo. Ahora bien: el día en que dejes de luchar retrocederás.
Te confieso que, muchos años, al llegar la Navidad, me he puesto en la fila de los pastores para presentarle al Señor mi ofrenda. Unos pastorcillos le regalaban sus ovejas, otros su pan... Yo, cuando llegaba, sólo podía poner entre los dedos de la Virgen mis fracasos y pedirle avergonzado que se los diera a su Hijo; y Él los cogía con cariño, porque no habría fracasado si no hubiese luchado. Él sabe que yo había estado amándole. No tengo por qué ser Fernando Alonso.